Reside la importancia de esta espléndida monografía en el año de edición de la misma, 1939, y en cómo el autor se entrevistó con algunos de los dictadores cuyo mandato analiza.
A Hitler lo presenta como a un verdadero inútil que llegó al poder tras engañar a la sociedad alemana. Mussolini era, como el anterior, marxista e iba dando bandazos para encajar con sus gobernados. Stalin y Lenin montaron un dúo criminal forjado en el comunismo, pero los tres comparten ser de izquierdas por más que ahora se piense que el fascismo es de derechas cuando nunca lo fue.
Evidentemente, repasar qué ha sucedido en Alemania, Italia y Rusia es siempre adecuado. Y más todavía cuando antes de que finalizara la guerra Ludwig ya consideraba que Hitler y Stalin eran «totalmente iguales e incluso podrían pactar para finalizar el conflicto con una solución adecuada para la izquierda de esa zona de Europa». Cuando alguien se declara hoy en día antifascista ignora qué está criticando exactamente.
Como también confirma que no tiene ni idea de que todas las matanzas, especialmente las de Hitler y Stalin, fueron contra las clases pobres. Comunistas, nazis y fascistas eran ramas del mismo árbol. El discurso luego ha sido manejado por la izquierda para obviar a Stalin y centrar sus ataques contra los otros dos, tan socialistas como ellos, y de ahí la confusión. Y no lo digo yo, sino el propio Ludwig en este libro que debería ser de lectura obligada para aclarar algunas mentes obtusas.

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