Ahora que ser laico, ateo y anti católico parece ser una moda más, quizás sería interesante releer esta obra de Mark Twain que se editó cincuenta años después de su muerte y que expone, de manera clara y concisa, su opinión no sobre la religión cristiana sino sobre la imbecilidad de los hombres al creer en el Dios que nos describe la Biblia.
