Tras leer en varios medios que las taquillas de los cines se han visto obligadas a poner un cartelito explicativo en el que explica que la película no tiene sonido, me decidí a verla. La considero un clásico del cine de verdad, del que se hacía en los años 30 y que aún no estaba contaminado por la industria cinematográfica que cambió la forma de contar historias en la gran pantalla
