Natxo López debutaba con esta obra en el género de la novela negra. El resultado es un tanto desconcertante por los motivos que ahora se comentan.
Se entiende bien el escenario en el que se dibuja la acción: las fiestas de San Fermín de 1997. Ese año estuvo marcado por el secuestro y el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Y es ahí donde la trama intenta mantener el equilibrio entre una serie de sucesos relacionadas con varias chicas jóvenes y la división de la sociedad navarra entre los proetarras y los que comenzaron a odiar a la banda terrorista.
Tanto bandazo, tanto guiño, tanta ideología por parte de algunos personajes provocan que el lector no sepa muy bien cuáles son las cartas con las que juega el autor. De todas formas, de esto se trata, de generar sensaciones, de disfrutar con la lectura y de repasar unos días aciagos que demostraron que la sociedad española eligió ponerle punto final a la escalada terrorista por más que algunos políticos actuales se quieran apuntar el tanto.
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